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viernes, junio 06, 2008

DONDE NACIO LA PALABRA QUININA?

Corría el año 1633 y la esposa del virrey del Perú, Ana de Osorio, condesa de Chinchón, padecía una fiebre tropical contra la cual los médicos españoles del virreinato confesaban que no podían hacer nada. El virrey, muy enamorado de su esposa y desesperado ante la amenaza de perderla, llamó a un curandero indígena, que le aplicó quinina. Aunque el virrey no esperaba ningún milagro, la mujer mejoró de inmediato, la fiebre cedió en pocas horas, y al día siguiente ya estaba curada.

El milagro había sido obra de la quinina, un medicamento que los europeos desconocían debido a su desprecio por lo que juzgaban ‘supersticiones’ de los indios. El virrey ordenó a su médico que llevara a Europa la planta de la que se extraía el milagroso remedio, una sustancia blanca, amorfa, sin olor, muy amarga y poco soluble, que se emplea en forma de sales para combatir, principalmente, la elevada fiebre causada por las varias formas de malaria.

En el Viejo Continente, la planta de la quina fue llamada Chinchona en homenaje a la condesa, que no había tenido otro mérito que curarse con él. Un siglo más tarde, el botánico Carl von Linneo, por error bautizó a la planta como Cinchona, nombre científico que lleva hasta hoy.
Aunque algunos autores sugirieron que el nombre de la quina es de origen quechua, parece más probable que la designación española ‘chinchona’ haya vuelto a América, donde dio lugar entre los incas a quinquina y quinaquina, de donde más tarde se formó el vocablo español quinina.

lunes, junio 02, 2008

Un indio enfermo descubre la quinina.

En base a este relato el botánico sueco Linneo, en 1742, dio el nombre de "Cinchona" al género de los árboles de los que se obtenía la corteza medicinal. Sin embargo, hubo dos errores en esta denominación. Primero, aunque Linneo intentó honrar a la condesa de Chinchón por el nombre, él lo equivocó omitiendo la primera h. Segundo, la condesa realmente nunca tuvo malaria y no trajo la conteza de cinchona a España, sino que murió en Cartagena, Colombia, en su camino de regreso a España.El primer registro firme del uso de quinina para curar la malaria es el de los misioneros jesuitas en Lima sobre el 1630; de aquí que se le diese el nombre de "corteza jesuítica" a la corteza medicinal, unos cien años antes de Linneo. Probablemente nunca se pueda saber con seguridad si los jesuitas aprendieron de los indios las propiedades antimaláricas de esta corteza. No obstante, una vieja leyenda sostiene un relato plausible del descubrimiento accidental de las propiedades curativas del árbol cinchona.La leyenda tiene que ver con un indio que, abrasado por la fiebre, se perdió en una espesa jungla de los Andes. Diversas especies de árbol cinchona (llamado por los indios quina-quina) creen al amparo de las laderas húmedas de las montañas de los Andes, desde Colombia a Bolivia, a altitudes superiores a los 1500 metros. Mientras él tropezaba a través de los árboles, encontró una charca de agua y se lanzó al suelo de la orilla para beber agua fresca. El amargo sabor le dijo que estaba intoxicado con la corteza de los árboles de quina-quina vecinos, los cuales creía venenosos. Prefiriendo el alivio momentáneo de la fiebre y de la sed abrasadoras, a las posibles consecuencias mortales, bebió intensamente.Para su sorpresa no murió; de hecho, su fiebre remitió y fue capaz de encontrar el camino de vuelta a su poblado con una renovada energía. Contó la historia de su curación milagrosa a sus parientes y amigos y, después de aquel incidente, ellos usaron extractos de la corteza de quina-quina para curar la temida fiebre. Esta era causada por la malaria y la sustancia química contenida era la quinina. La noticia de este descubrimiento se difundió por la población nativa y pudo haber llegado a misioneros jesuitas a comienzos del siglo diecisiete. Esta leyenda, de ser cierta, confirma que incluso en las sociedades primitivas la "sagacidad" permite razonar a partir de un accidente para producir un descubrimiento de repercusión a escala mundial.Aunque la autenticidad de esta leyenda particular no puede verificarse, cosas así han ocurrido a menudo. En ocasiones el resultado fue fortuito, como en este caso, pero frecuentemente el resultado fue la muerte o la difamación de la persona que encontró una poderosa sustancia natural por primera vez.

El origen de la quinina es tan nebuloso que es difícil separar la leyenda de la realidad, Según una historia ampliamente aceptada en Europa, la esposa del virrey de Perú, conocida como la condesa de Chinchón, fue curada de malaria tomando un extracto de la corteza de un árbol peruano; quedó tan impresionada por su curación que se trajo algunas de estas cortezas a España en 1638 y así introdujo el uso de la quinina en Europa.

martes, mayo 20, 2008

Escalofrio

La próxima vez que sufra un escalofrío inexplicable durante un caluroso día en la selva y un viejo médico de campo le recete "polvos de la condesa", que se obtienen moliendo "corteza de los jesuitas" tomada de un "árbol de la fiebre", probablemente haya contraído malaria y lo que esté tomando sea quinina, que de una forma u otra ha sido el mejor tratamiento durante siglos para estar enfermedad. La quinina es el más fuerte de cuatro alcaloides febrífugos que se encuentran en corteza de los árboles del género Cinchona, de la familia de las Rubiáceas, de la que existen aproximadamente veintitrés especies, todas oriundas de América del Sur y que crecen a lo largo de la cordillera oriental de los Andes. Si bien la quinina no se aisló farmacológicamente hasta 1820, desde principios del siglo XVII los europeos usaban la corteza de chinchona, o quina, para curar la malaria en todas sus variedades, que en ese entonces se conocía con nombres anticuados como fiebre palúdica, terciana, cuartana y cuartana doble. Se trata de uno de esos casos peculiares en que el conocimiento científico avanza --por rachas, alternando descubrimientos importantes e impasses-- y durante más de cien años, la quina era la conocida corteza de un árbol desconocido que, durante más de doscientos años, se usó para curar los conocidos síntomas de una enfermedad desconocida. Antes del descubrimiento de la quina, no existía un alivio para la malaria, aunque ésta había asolado el mundo occidental durante miles de años.
El médico griego Pedacio Dioscórides fue el primero en clasificar la malaria en fiebre terciana y cuartana, porque ocurría cíclicamente cada uno y tres días o cada uno y cuatro días. Dioscórides recetaba la ingestión de quinquefolio de tres o cuatro hojas, pero este medicamento no era más efectivo que los otros remedios de la época: comer telas de araña, usar amuletos con dientes de pinto o dormir con el libro IV de la Ilíada debajo de la almohada. Aún se desconoce la manera y el momento en que se descubrieron las propiedades de la chinchona para aliviar la malaria, especialmente ya que no se sabe si la enfermedad existía en América antes de 1492 o si fue un regalo indeseado del intercambio colombino.
El nombre de chinchona deriva de la leyenda de la primera paciente europea que fue tratada exitosamente con este remedio; ella misma era una participante involuntaria de este intercambio. Un posterior error tipográfico, cometido por el taxonomista sueco Linneo al clasificar el árbol de la chinchona según las características sexuales de su flor, es responsable de que en la actualidad en otros idiomas, como en inglés, se escriba cinchona. Se dice que la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú e infeliz residente de las Américas durante los diez años de gobierno de su marido, contrajo una debilitante fiebre...